Especial: la radiactividad

   La mayoría de la gente asocia la radiactividad con algo peligroso que la ciencia ha aprovechado para usos industriales, médicos o bélicos. Pero la mayor parte de las emisiones ionizantes que nos rodean provienen de la propia naturaleza.

  Entre dos latidos del corazón se produce en tu cuerpo la desintegración radiactiva de 10.000 núcleos atómicos. Cada hora, en tus pulmones desaparecen 30.000 núcleos de isótopos radiactivos presentes en el aire. Debido a los alimentos, 15 millones de núcleos de potasio-40 y 7.000 de uranio natural se desintegran en tu estómago e intestinos. El tabaco libera plomo y polonio radiactivos que van a parar a la atmósfera y a tus pulmones. Y etcétera.

  La radiactividad siempre ha existido en la naturaleza. Hace 2.000 millones de años, en la cantera de Oklo, en Gabón, se puso en marcha un reactor nuclear. Nada tuvo que ver con extraterrestres ni con avanzadas civilizaciones desaparecidas.

   La radiación de origen natural es la responsable del 87% de la dosis que recibe el ser humano. Las fuentes artificiales sólo un 13 %. La mayor parte se debe a los tratamientos y pruebas médicas.

  Cada español recibe la mitad de la dosis máxima recomendada para la población. De esta cantidad, entre el 10% y el 15% tiene como fuente los alimentos. El marisco es el alimento que más radiación aporta y pueden recibir un 50% más de la dosis normal. Claro que, si hay que señalar el verdadero peligro, es el gas radón, que contribuye hasta casi el 50% de la dosis total.

  En 1985, Stanley Watras entró a trabajar en la Central Nuclear de Limerick en Pennsylvania (EE UU). Se disparó la alarma de la planta. Las investigaciones demostraron que el aire de su hogar era como fumar 135 paquetes de tabaco al día. Alguien que viviera en una casa con diez veces menos radón que la de Watras recibiría la exposición anual que los evacuados en las proximidades de Chernóbil en 1986.

   Las aguas subterráneas transportan radón, en concentraciones mayores que los ríos y los océanos. La radiactividad de un litro de agua es de 4 desintegraciones por segundo. Pero si el agua procede de un pozo en un terreno con elevado contenido en uranio, la actividad es 5.000 veces mayor y en algunos casos puede multiplicarse por millones. Finlandia es el país europeo que recibe mayor dosis del radón.

   En casa, la habitación del pánico es el cuarto de baño. Un estudio realizado mostró que las concentraciones eran tres veces superiores a las de la cocina y 40 veces más altas que en el cuarto de estar. Por su parte, científicos canadienses revelaron que el radón presente en el aire del cuarto de baño aumentaba tras una ducha templada de 10 minutos.

   Cada 10.000 personas que mueren, 5 lo hacen de cáncer por la radiación de su propio cuerpo. Al comer no solo ingerimos potasio-40 o carbono-14, sino otras sustancias peligrosas que no son radiactivas: en las judías verdes hay factores que disuelven los glóbulos rojos de la sangre; el ácido clorogénico del café provoca mutaciones en el ADN; y la patata contiene solanina, que produce malformaciones.

  Eliminar la radiactividad del mundo significaría eliminarnos a nosotros mismos, todos somos una pequeña fuente radiactiva andante. Incluso deberíamos dejar de dormir con nuestras parejas: en un año absorbemos el 1% de la dosis máxima recomendada.

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