La “música” del Sol

En el siglo VI a.C., los pitagóricos descubrieron las leyes matemáticas del tono musical y dedujeron que el movimiento planetario producía una “música de las esferas”, algo que el astrónomo Johannes Kepler refutó posteriormente. Hoy, los heliosismólogos pueden adentrarse en las profundidades del Sol “escuchándolo”.

Los sonidos que podemos observar del Sol son como notas de un instrumento, ondas de presión en una cavidad. Como en un clarinete, donde introduces aire por un lado y las ondas se propagan por el interior. En el Sol, en sus partes más externas, se producen unas vibraciones o movimientos que originan ondas, y esas ondas se propagan por el Sol como si fuera un instrumento musical. Pero nuestra estrella no es sólida, está hecha de gas, y las ondas se pueden propagar hacia dentro y hacia fuera, provocando cambios realmente pequeños en el tamaño del Sol. En ese modo de respiración, el Sol se contrae y se expande unos 50 metros, desplazamiento apenas apreciable si lo comparamos con los 7.000 kilómetros del radio solar. De ahí que para detectar unos cambios tan pequeños sea necesario escuchar su ‘música’.

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