Especial: las cosquillas

  Muchas personas huyen cuando se les acercan para hacerles cosquillas. Ya saben que no se pueden salvar de la risa. Sin embargo, si coges una pluma para hacerte tú mismo cosquillas en la barriga o en la planta de los pies, ni siquiera pestañeas. ¿Cuál es el origen de todo esto?


Las cosquillas pueden causar incontrolables ataques de risa o no hacer ningún efecto sobre nosotros. Pero, ¿por qué se reacciona con un acto reflejo e risa cuando nos hacen cosquillas? La respuesta se remonta a los orígenes del hombre.

  Cuando aún no existía el lenguaje, los primeros homínidos se comunicaban a partir de gritos o llantos, y entre esos símbolos estaba la risa, que significaba la carencia de peligros. Como los roces no siempre se consideran peligrosos, un alguien que fuera rozado por alguien podía avisar a su tribu utilizando la risa.

  Esto se puede comprobar fácilmente si primero pasamos suavemente un dedo por el reverso de la mano y después por la palma. No nos vamos a reír, pues no se crea ningún peligro cuando uno se toca a sí mismo: es el cerebro el que decide la reacción.

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